ENTREVISTA A MANUEL JESÚS ROLDÁN


Manuel Jesús Roldán, 1973. Licenciado en Geografía e Historia especializado en Historia del Arte por la Universidad de Sevilla. Historiador de arte, profesor de enseñanzas secundarias y escritor. Especializado en el patrimonio artístico de Sevilla y su Semana Santa.


"Es fundamental enseñar a ver, porque podemos acabar siendo una sociedad de la imagen, pero con auténticos analfabetos audiovisuales"



-Tuvimos que esperar catorce años para la reapertura de Santa Catalina, ¿cuáles serían las rehabilitaciones más importantes que tenemos aún pendientes?

En Sevilla hay algunos abandonos que claman al cielo. Que unas murallas medievales se sigan cayendo es todo un símbolo de la ciudad. Que otra administración, Diputación Provincial en este caso, tenga en ruina la iglesia del Hospital de San Lázaro, nada menos que una iglesia mudéjar con interesantes pinturas del Renacimiento, es otra muestra de la indolencia general. Las Atarazanas, uno de los grandes restos del gótico civil de Europa, parece un tema que se prolongará hasta generaciones futuras. En lo cercano, contemplar un templo único por su original plan arquitectónico, como es San Hermenegildo, cerrado, abandonado y en progresivo deterioro… el ayuntamiento ya ha tenido tiempo para buscar un nuevo uso al que fue gran templo jesuita, la Compañía de Jesús a la que tanto se quitó y tan poco se devolvió…

El capítulo conventual en Sevilla es punto y parte. Cualquier ciudad europea tendría como referentes fundamentales a conventos como el de Madre de Dios, Santa Inés o San Leandro. Auténticos tesoros donde se podría estudiar siglos de historia y a los que se ha abandonado a su suerte, partiendo de la propia crisis de la vida contemplativa al olvido del propio Arzobispado o a los incumplimientos de la Junta en Santa Inés: hay dinero para la sala expositiva pero no para un espectacular claustro con pinturas tardomedievales cuya pérdida lamentaremos algún día. El caso de santa Clara, con sus retablos de Montañés cubiertos por plásticos y con piezas guardadas en cajones es para descendamos a categoría regional en el panorama del Arte europeo. Y podríamos seguir con el patrimonio industrial, tan poco valorado y sujeto a la especulación, con casos como la Fábrica de Artillería o la antigua Fábrica de Vidrios de la Trinidad.

-¿Es la conservación la tarea pendiente del sevillano o ya han cambiado las cosas?

No me gusta ser apocalíptico. Evidentemente, se ha mejorado mucho respecto a décadas pasadas. Basta repasar algunos catálogos de arquitectura de hace algunas décadas y se puede comprobar que se ha restaurado y recuperado mucho. Y también se ha perdido mucho. Muchísimo. Hay una mayor  profesionalidad, ya no se suelen cometer desvaríos o intervenciones de antaño (desde aquellos imagineros que restauraban con criterios Frankestein a aquellos arquitectos “divinos” que imponían sus planchas de metal y costosísimas lámparas seudomodernas en palacios barrocos), aunque se sigan cometiendo desmanes. De todas formas, queda mucho por hacer. La labor del IAPH o de algunas instituciones no deberían ser islas sino todo un tejido que partiera de escuelas de artesanía (cerámica, forja, madera, ladrillo…) hasta llegar a las restauraciones más especializadas. También sería importante una política de patrocinios. Restaurar debería dar prestigio y no patrocinar encuentros matinales donde se debata sobre el desayuno o el canapé. Y en la ciudad sería fundamental la formación en conservación. Una conservación preventiva, regular, con intervenciones puntuales, evitaría esas ruinas cíclicas de iglesias, templos o conventos.

-Has sido autor de multitud de publicaciones sobre historia del arte y muchas de ellas guardan relación con las cofradías, ¿podría resumirse la historia de Sevilla en su Semana Santa?

Sin duda alguna es una fuente fundamental para su estudio y para su comprensión. No se puede historiar la Semana Santa sin saber de la historia de España y, si me apura, sin saber de historia europea. Y no se puede entender Sevilla sin su Semana Santa. En un sentido amplio. Acabo de publicar “Historias de la Semana Santa”. Cuando alguien me pregunta si no me canso del tema, me da por abrir el libro y recordar que en sus páginas se habla de Isabel II, de revoluciones, de Barroco y de vanguardias, de fotógrafos húngaros y checos, de Daumier y de Caravaggio, de Miguel Ángel y de Ocampo, de la Ilustración, de Arte Pop, de la Revolución bolchevique… Si no contextualizamos y miramos más allá nos convertimos en frikis que cuentan flores o que miden el tamaño de los candeleros.

"Si hay alumnos que pintan las mesas, no saben sentarse en las sillas o destrozan el mobiliario de su instituto. ¿No van a pintar el muro de un convento o de una iglesia si no tienen ni idea de su importancia?"


-¿Deben los estudiantes dedicar más horas de estudio a la historia del arte? 

Es una de las grandes olvidadas. Todavía encuentro a profesores que “se saltan” sin contemplaciones los temas de Arte en los temarios de Historia. Hacen un daño tremendo, el Arte contextualiza y es fundamental para entender cada época. Además, vivimos en la era de Instagram, nuestros alumnos pueden ver cientos de imágenes diarias y el estudio del Arte es, generalmente, mucho más aceptado que el contenido memorístico. Es fundamental enseñar a ver, porque podemos acabar siendo una sociedad de la imagen, pero con auténticos analfabetos audiovisuales, jóvenes que van por la calle y no entienden lo que ven. El que no entiende, no valora, el que no valora, no aprecia, cuando no se aprecia se acaba ignorando… Y así se caen luego las iglesias y los monumentos.

Los demenciales planes de estudio ayudan bien poco: se repiten contenido de Historia del Mundo Contemporáneo y se relega la asignatura de Historia del Arte a una optativa de 2º de Bachillerato. Los alumnos que llegan a ese curso suelen descubrir un mundo que generalmente les fascina. ¡Nunca lo habían dado antes y llevan años atiborrados de sintagmas nominales, de tablas periódicas y de funciones trigonométricas!

La asignatura de Patrimonio también se relegó (barbaridad en un país que debería hacer de su patrimonio su gran fuente de ingresos), mientras que se repiten talleres y “ciudadanías” que acaban repitiendo contenidos.

-¿Más horas lectivas ayudarían al mayor respeto por el patrimonio es una cuestión de educación en casa?

El respeto se debe traer de casa. El conocimiento a las aulas, modelando ese base de respeto. Pero es que hay alumnos que pintan las mesas, no saben sentarse en las sillas o destrozan el mobiliario de su instituto. ¿No van a pintar el muro de un convento o de una iglesia si no tienen ni idea de su importancia? No se respeta lo que no se conoce. Además, hay otra tendencia en la educación que es la saturación en horas de estancia en los centros: por cuestiones administrativas, de cumplimientos de programaciones y de burocracias varias… Y se olvida, cada vez más, el contacto directo de los alumnos con el riquísimo patrimonio monumental que tenemos a nuestro alcance en sencillas excursiones. Hace años, en un instituto de Sevilla pregunté a mis alumnos sobre quién había subido a la Giralda. El 70% no lo había hecho. En un instituto de Sevilla Este. Recuerdo que me entrevistaron en aquellos días en un periódico de gran difusión, lo conté y aquel titular sentó muy mal. Pero es que la pura realidad. Recuerdo un centro, asignatura de patrimonio, que propuse unas visitas al centro de Sevilla y los alumnos me confesaron que no iban al centro, “que estaba lleno de turistas…” No sé que pensarán una década después. Así llega la desafección del habitante por su entorno y así se parquetematizan las ciudades, perdiéndose su identidad.

-¿Cómo ves el panorama contemporáneo artístico en Sevilla?

En el plano creativo, creo que hay magníficos creadores en la actualidad. En formación, técnica y en creatividad. El problema reside en la canalización de esa creatividad, aspecto en el que la ciudad tiene grandes carencias. Las galerías de arte, salvo las pocas históricas, de gran nivel pero cerradas a la creación joven, no acaban de crear un tejido expositivo amplio. Es sorprendente que no haya un buen lugar expositivo, por poner un ejemplo, en la calle Sierpes o en Tetuán. El caso del Mercantil es voluntarioso y digno de la mayor alabanza, pero no es un sala con las mejores condiciones. El Centro Andaluz de arte Contemporáneo es otro ejemplo de la contradicción de la ciudad, aislado y casi inaccesible. Savia nueva, tremendamente necesaria, ha aportado la llegada del Caixaforum, pero su programa expositivo es cerrado a nivel nacional. Nos falta ese eslabón intermedio de salas polivalentes pero sin cutreríos ni estrecheces que pudieran albergar exposiciones emergentes. Ahí está Santa Inés, pensada para ello, absolutamente infrautilizada.

Se echan en falta, por otra parte, patrocinios de las grandes empresas sevillanas (si es que las hay) en el aspecto artístico. Debería ser una nota de prestigio el patrocinio de restauraciones, de premios de arte o de becas para formar talleres o equipos de restauración. Y no lo es. Siguen apostando por canapés y por encuentros a los que van, vamos, siempre los mismos a poner el rostro en la página de ecos de sociedad…

-¿Y en la Semana Santa?

La Semana Santa actual permite menos innovación que la de hace cien años. Se apuesta por el neobarroco y por un costumbrismo que tiene menos frescura que el de los pintores de fines del siglo XIX. Salvo honradas excepciones, el bordado repite los modelos de Rodríguez Ojeda, la talla se ha quedado en la hojarasca dorada y la figuración en las tallas corre una peligrosa tendencia al amuñecamiento. El gusto estético del sevillano actual ayuda poco. No se entiende, por citar algún ejemplo, que sean minoritarias hermandades como La Carretería o la Mortaja, auténticos tesoros artísticos que la gran masa relega frente al corneteo, el exhibicionismo costaleril o la presencia de muchas tallas en las que se prima, en demasiadas ocasiones, el precio a la baja o el nombre mediático.

"Sevilla es una ciudad tremendamente complicada para la nueva construcción: se choca con mentalidades muy cerradas, con la escasez de dinero, con la mediocridad en los remates y con la falta de atrevimiento"


-¿Qué artistas sevillanos podrían marcar nuestra época?

Si se refiere a la creación artística en general, creo que ya hay nombres que pasarán a la posteridad, desde la creación de Luis Gordillo a la figuración de Carmen Laffón. Seguimos dependiendo de la mirada centralista en su consideración. Si Laffón hubiera pintado la Gran Vía o Manolo Cuervo ilustrara los carteles de las compañías madrileñas serían referentes internacionales. Si Ricardo Suárez pintara el Jarama (perderíamos mucho) sería otro referente. Si los carteles de la Macarena (excelente colección en los últimos años) o los paños de la Verónica del Valle se presentaran en el Círculo de Bellas Artes de Madrid se tendrían como iconos de la modernidad, algo que ocurriría también con los carteles de las hermandades de Gloria de Sevilla, auténticas avanzadillas de aire fresco que no se contemplan en otros campos: Laureano, Díaz Arnido, Zurita, Franca, Payán, Cerezal, Vaquero, Buzón, Daroal… No quería dar nombres y los estoy dando equivocándome, me faltan muchos.

En la imaginería creo que alcanza gran nivel Navarro Arteaga, que innova Miñarro y que falta, de manera incomprensible, la obra de un grandísimo creador como es Darío Fernández Parra. También deberían tener más cabida nombres como Lourdes Hernández, Fernando Aguado o Leal. Y me vuelvo a equivocar, porque me faltan…

Ya puestos, no deberíamos olvidar la necesaria conjunción ente diseño, calidad en la ejecución y equilibrio entre la mal llamada artesanía menor y el Arte con mayúsculas que pueden aportar nombres como el de Francisco Carrera. Y me vuelvo a olvidar de nombres. Y me va a permitir ser extenso, pero no deberíamos olvidar a un gran colectivo creativo en Sevilla que es el fotográfico: la lista de nombres en este caso es espectacular y luchan, en gran medida, con vivir en una ciudad que apenas valora la fotografía y que parece mirar sólo la Semana Santa como temática.

-¿Puedo ser La Basílica de la Milagrosa de Aníbal González el último gran templo que pudimos tener?

Es posible. Aunque me da por pensar en lo que hubiera sido su decoración posterior, con esos aires neobarrocos y revivalistas de las décadas siguientes y pienso que mejor es que se quedara en un proyecto. Podría haberse convertido en un mausoleo del arte Kitsch o en un escenario de películas de Almodóvar.

-¿Sería inviable realizar una construcción así hoy día?

Probablemente sí. Sevilla es una ciudad tremendamente complicada para la nueva construcción, se choca con mentalidades muy cerradas, con la escasez de dinero, con la mediocridad en los remates y con la falta de atrevimiento. Cuando se ha construido un rascacielos se ha hecho una discreta obra de catálogo, en un sitio discutible y con una funcionalidad final sintomática: se ha enterrado el gran centro cultural del Caixaforum y se ha primado (entiéndase) una vulgar tienda de multitudes y de compra barata. Si la modernidad es esto, más vale apearse del tren.

-Las Setas de Sevilla de Jürgen Mayer o la Torre Sevilla de César Pelli fueron construcciones a las que se opusieron una parte de la sociedad sevillana y, una vez finalizadas, están teniendo mucha aceptación. ¿A qué puede ser debido? ¿Cuestiones políticas?

No creo que las setas tengan gran aceptación. Son el mal menor a una plaza abandonada en el centro de la ciudad. Funcionalmente no se ha recuperado. La parte superior sigue funcionando como un recinto privado, cerrado en numerosas ocasiones. Estéticamente atrae al visitante por su impacto, parquetematizando la zona. Esa aceptación parte de la reinvención de la ciudad que se está haciendo con el actual turismo de masas: revitalizará la economía y cambiará la relación del sevillano con su centro urbano. Su sobrecoste sigue siendo un escándalo histórico en la ciudad, a años luz de otras minucias por las que tanto se discute. La torre Pelli sí creo que se ha insertado de forma más clara en la visión de la ciudad, pero me temo que se acabe empobreciendo y vulgarizando: ¿Dónde está la modernidad en el centro comercial, interesante diseño para un vulgar contenido?

"Creo en un sevillano poliédrico que puede amar sus tradiciones y apostar por la creación de vanguardia, que puede mantener sus costumbres sin importarle su ideología política, que puede conocer su pasado y apostar por el futuro"


-¿El ‘rancio’ defiende Sevilla o la estanca? ¿El ‘modernito’ hace progresar o rompe la esencia?

Creo que la etiqueta del rancio ha hecho mucho daño a la ciudad y yo he jugado mucho con ella cuando hacíamos televisión. Se debe entender como un guiño humorístico, ahí está Julio Muñoz Gijón, pero cuando ves tantos perfiles etiquetados como “rancios” y se lo toman tan a pecho, da que pensar. No creo en ninguna división que establezca dualidades en Sevilla, son radicalmente falsas, salvo la futbolística. Creo en un sevillano poliédrico que puede amar sus tradiciones y apostar por la creación de vanguardia, que puede mantener sus costumbres sin importarle su ideología política, que puede conocer su pasado y apostar por el futuro. Siempre fui partidario de esas “terceras vías” del periodismo o del cine: ser radicalmente profundos y cultos, aunque también enseñemos teta de vez en cuando…

-¿Qué es la sevillanía?

Una etiqueta. Y como todas las etiquetas, un concepto parcial y simplista. Y vivimos en tiempo de etiquetas, absolutamente superficiales, de pensamiento tuitero y de etiquetas en el perfil. Cuando te sales del pensamiento unidireccional te etiquetan rápidamente como supuesto miembro del otro bando.

-Si pudieras adquirir una obra de toda la historia del arte, ¿cuál sería? ¿Dónde la pondrías?

Las Meninas. Al Museo de Bellas Artes. Se saldaría esa carencia del gran Velázquez en su ciudad.
Y ya puestos, por decencia y justicia, ya podría devolverse a su sitio la Inmaculada de Murillo que expropió Soult y que el centralismo franquista recolocó en Madrid.

-Completa esta frase: “A Sevilla le hace falta...”

…Conocerse. Del conocimiento llega la valoración, de la valoración, la autoestima. Sabiendo lo que hemos sido y lo que somos sabremos lo que queremos llegar a ser.

-Gracias Manuel Jesús.